Otras realidades cercanas

Hay otras realidades que podemos considerar cercanas a la transexualidad y que merecen ser conocidas y necesitan ser visibilizadas

Genitales “no normativos”

En su caso, la prueba genital no va a servir para suponer el sexo del recién nacido, por lo que se va a recurrir a otros indicios sobre los que realizar dicha suposición, que generalmente se basarán en sus cromosomas.

Algo que se ha venido haciendo en estos casos es, sobre la suposición de su futura identidad sexual, intervenir a los recién nacidos para adecuar quirúrgicamente sus genitales a cómo los médicos consideran que deben ser, siendo estas prácticas más que cuestionables.

Para designar esta realidad, y en general la de las personas en las que se ha dado un desarrollo fisiológico atípico de la diferenciación sexual, se han usado los términos “intersexualidad”, “intersexual” o “intersex”, tanto desde estamentos médicos como activistas. Si bien respetamos el uso de este término por parte del activismo que lucha por los derechos de las personas que viven estas realidades, en esta web, usamos el término “intersexualidad” para referirnos al hecho de que todos los individuos tenemos rasgos de ambos sexos, por lo que en realidad, todas y todos somos intersexuales.

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Hay niñas y niños cuyos genitales no se parecen ni a un pene ni a una vulva o se parecen a ambos. Su identidad sexual, igual que la del resto, no la definen sus genitales.

Ni niña ni niño

Hay quienes no se sienten niña ni se sienten niño; por lo tanto, si no se identifican ni con lo uno ni con lo otro, no son ni lo uno ni lo otro.

Evidentemente son, como el resto, sujetos sexuados que expresan y desarrollan rasgos masculinos y rasgos femeninos.

Quienes no son ni niña ni niño, sienten malestar cuando los demás les clasifican como niña o niño, y desean no ser clasificados, al contrario que las niñas y niños transexuales que anhelan ser clasificados, eso sí, correctamente.

Entre las muchas dificultades con las que se encuentran, ni siquiera el lenguaje les ofrece posibilidades de nombrarse y han de hacer frente a la amenaza de que “lo que no se nombra no existe”. Se han comenzado ya a realizar propuestas terminológicas como el uso de “niñe” para referirse a quien no es ni niña ni niño, o la introducción de un nuevo género gramatical neutro que, como alternativa a la “a” femenina y la “o” masculina, usa la “e”: “elle”, “bonite”, “cansade”...

Con motivo de esta realidad, hay quien ha puesto en duda la misma existencia de los sexos o de sus identidades. Pero que haya quien no es ni niña ni niño no significa que no existan las niñas y los niños, o que no deberían existir. Lo que significa es que hay niñas y niños (que además pueden tener unos u otros genitales) y que también hay quien no es ni lo uno ni lo otro (en este caso, también, al margen de los genitales que tenga).

Sobre la vivencia de esta realidad en la infancia no disponemos apenas de conocimiento y esperamos que en los próximos tiempos se avance en la comprensión de la misma para poder así acompañarla.

Entre las muchas dificultades con las que se encuentran, ni siquiera el lenguaje les ofrece posibilidades de nombrarse y han de hacer frente a la amenaza de que “lo que no se nombra no existe”.

Comportamientos que difieren de las imposiciones de género

Hay niñas y niños que en sus modos, maneras, gustos, comportamientos, etc. difieren de las expectativas de género, convenciones e imposiciones sociales y culturales sobre cómo debe ser un niño o cómo debe ser una niña.

Es el caso de los niños a quienes les gusta jugar con muñecas, maquillarse, vestirse de princesa, etc., o de las niñas a quienes les gusta jugar a peleas o a fútbol, a quienes no les gusta llevar faldas, que prefieren el pelo corto, etc.

Son niñas y niños a quienes por su manera de ser se les va a intentar corregir, se les va a apercibir, castigar, señalar, marginar… castigándose con mucha más intensidad a los niños femeninos que a las niñas masculinas.

A veces esta realidad se confunde con el hecho transexual, pero es imprescindible diferenciar ambas situaciones, puesto que sus necesidades son diferentes.

¿Qué razón hay para impedir que alguien, por el hecho de ser niña o de ser niño, juegue a muñecas o a balón, se ponga pantalones o faldas? Ojalá aboliésemos las imposiciones de género para que si una niña juega al fútbol o se corta el pelo o se sube a los árboles, esto se integrase como cualquier otra opción; o que si un niño juega a princesas, o se pone coletas, o si decide usar braguitas, lo pueda hacer. No sólo sin que se le castigue y señale, sino como una opción posible más. No sólo que se le permita, sino que se valore y cultive.

Si se dejase de asfixiar a niñas y niños con las imposiciones de género, las crianzas serían no sólo más relajadas y felices, sino mucho más posibilitadoras de diversidad, dando lugar a muchísima más creatividad y desarrollo del potencial humano.

¿Qué razón hay para impedir que alguien, por el hecho de ser niña o de ser niño, juegue a muñecas o a balón, se ponga pantalones o faldas?