Acompañar la transexualidad durante la adolescencia

Cuando el proceso de tránsito se realiza en la adolescencia, es importante considerar algunas peculiaridades que se pueden dar en su acompañamiento.

Acompañamiento en el hogar

La adolescencia es un tiempo de cambio y descubrimiento en el que entran a veces en conflicto quién soy, quién quiero llegar a ser, cómo me ven los demás y quién quieren los demás que yo sea.

Si de por sí la adolescencia suele ser una época complicada para muchas madres y padres, con el factor extra de la transexualidad quizás haya algunas complicaciones extra. De hecho, cuando el proceso de tránsito se realiza en la adolescencia, el acompañamiento tiene algunas peculiaridades que es importante considerar.

¿Cómo no me lo ha dicho antes?

Una duda que suele surgir y que desubica a las familias es: “¿Cómo no me lo ha dicho antes?”.

A veces estas chicas y chicos expresan que antes no habían podido identificar con claridad qué les pasaba, cuál era la razón de ese sentirse diferentes. Y es que cuando algo no se conoce, puede que no sea fácil identificarlo; mientras no sea pensable que existen chicas con pene y chicos con vulva, quizás no vayan a poder poner palabras a lo que les ocurre, porque “no pueden saber” qué les ocurre. Muchas de ellas y ellos, al tener acceso a información (internet, medios de comunicación, sesiones de educación sexual en el centro escolar…), pueden empezar a identificar lo que les pasa y a ponerle palabras.

Otra cuestión es que en la mayoría de los casos sí nos lo dijeron, hace mucho tiempo, pero no lo supimos escuchar, porque al no tener información no podíamos comprender lo que nos decían, nuestros oídos no lo podían escuchar. Y cuando nos expresó algo siendo muy peque, quizás nos reímos, o se lo negamos diciéndole que era imposible… Si sus principales referentes, que somos la familia, les decimos que no puede ser quien dice que es, intentarán adaptarse, gestionando cada quien su no poder ser, su malestar como mejor puede. Y hay quien puede vivir más o menos bien con esto hasta que, en muchos casos, el desarrollo de su cuerpo en la pubertad les hace explotar.

En el caso de los chicos con vulva, aún no reconociéndoles su identidad, sus modos y maneras masculinas (usar pantalones, llevar el pelo corto, jugar al fútbol, relacionarse con chicos) suelen ser bastante aceptados, y en muchos casos estos chicos, viviendo ante los demás como chicas masculinas, se manejan socialmente bastante bien.

Otras veces el malestar es más intenso desde la infancia  y se exterioriza a modo de trastorno de déficit de atención, de hiperactividad, ansiedad, depresión, etc. Y nos encontramos, a veces, con adolescentes que llegan con una gran carga, tanto por no haber podido poner palabras a lo que les estaba ocurriendo, como por no haber podido construirse su identidad sobre una base sólida. Y en muchas ocasiones con síntomas de ansiedad, depresión, y con problemas de relación. De hecho, algunas chicas y chicos llegan con mucho sufrimiento acumulado. Y también hay quienes han podido gestionar su realidad en clave positiva y están bien.

Cuando se hace el tránsito en edades tempranas, la mayoría de dificultades y problemas suelen remitir con bastante celeridad tras el tránsito. Cuando el tránsito se hace en la adolescencia, si bien el cambio a mejor es clarísimo, el proceso de mejora suele ser mucho más lento.

¿Qué hacemos?

Lo primero de todo, escucharles. Escucharle y hacerles saber de las dificultades que podamos vivir como madres y padres ante esta situación. Dejándoles claro que vamos a escucharles, que les vamos a dar todo nuestro cariño y que vamos a acompañarles lo mejor que en cada momento vayamos siendo capaces.

A veces nos costará “cambiar el chip”, cambiar el género gramatical con el que nos dirigimos a ellas y ellos, usar el nuevo nombre en caso de que hayan decidido cambiarlo. Es importante explicitar un acto de generosidad mutua: por un lado nuestro apoyo incondicional, y por otro su paciencia para aceptar que nos equivoquemos, que nos cueste… ya que llevamos toda su vida hablándoles, viéndoles como la chica o el chico que pensábamos que era, y cambiar esto de un día para otro puede que no nos resulte posible.

Por nuestra parte, si vivimos sentimientos de duelo, sentimientos de tristeza por tener que decir adiós al hijo o hija que nunca tuve pero que yo pensé que si, será importante que reconozcamos ese dolor y ese duelo, y seamos capaces de gestionarlo, sin cargarlo sobre nuestro hijo o nuestra hija.

Lo último que necesitan es sentirse culpables de nuestro sufrimiento. Bastante tienen con su proceso, como para tener que cargar con el nuestro. Quizás tengamos que buscar espacios donde poder vivir, desahogar y elaborar nuestro dolor y nuestro desconcierto. Para así poder acompañar a nuestras hijas e hijos en el camino hacia la vivencia de su identidad sexual real.

Lo último que necesitan es sentirse culpables de nuestro sufrimiento.

Nuestro acompañamiento habrá de ser siempre respetando sus ritmos y atendiendo sus necesidades.

Necesidades

Estas pueden ser algunas de las necesidades que vayan surgiendo y para las que seguramente nos necesiten a su lado:

  • Buscar información
  • Ponerse en contacto con otros chicos y chicas transexuales
  • Comunicarlo a la familia extensa
  • Comunicarlo en el centro escolar y poner en marcha los protocolos de actuación y abordajes necesarios
  • Si ha cambiado de nombre, realizar los trámites para que conste en las distintas documentaciones su nuevo nombre. Y en caso de que la legislación lo permita, corregir la mención de sexo en sus documentos.
  • Tratamientos endocrinológicos. En caso de que demande atención médica para intervenir sobre los cambios corporales de la pubertad bien a través de los bloqueadores hormonales (si está a tiempo), bien a través de la hormonación cruzada, acceder a los servicios médicos correspondientes.