Qué necesitamos madres y padres

Para comprender y acompañar a nuestras hijas e hijos en situación de transexualidad, las madres y los padres necesitamos conocimiento, acompañamiento y compartirlo con otras familias

Necesidad de información y conocimiento

Para poder comprender lo que nos expresan nuestras hijas e hijos, es más, para poder escucharlo, hace falta tener conocimiento.

Si en mi marco de ideas no cabe la posibilidad de que alguien tenga pene y sea una niña, resultará casi imposible que pueda escuchar aquello que me está expresando quien yo pienso que es mi hijo, cuando me dice que ella es una niña.

Por eso va a ser tan importante la divulgación de información básica sobre transexualidad, para que cuando en un hogar un niño o una niña lo necesite, sus padres hayan escuchado alguna vez algo sobre esta cuestión y tengan así la capacidad de escuchar lo que está expresando.

En el camino de querer comprender lo que está sucediendo, madres y padres van a iniciar una búsqueda de información que ponga un poco de luz en el desconcierto que sienten hacia lo que están observando en el hogar. En los últimos años este proceso ha cambiado mucho porque antes la información sobre transexualidad en la infancia era nula y ahora, en cambio, en los medios de comunicación se habla de esta realidad y cada vez hay más información, mucha de ella accesible a través de internet. Por supuesto, será importante ser capaz de discriminar qué información es veraz y cuál no, y sobre todo, qué información sirve para el acompañamiento y cuál lo dificulta.

Necesidad de acompañamiento

Para poder acompañar a sus hijos e hijas, las familias necesitan ser acompañadas. Por eso será fundamental contar con personas que puedan apoyar a las familias, dando información, sostén emocional, apoyo sexológico y psicológico,…

Cuando ese acompañamiento se busca en profesionales (de pediatría, de psicología…) en muchos casos no se encuentra el apoyo que se necesita, y no por la falta de voluntad, sino porque a día de hoy la mayoría de los profesionales de diferentes ámbitos, aun siendo muy buenos en su campo, tienen muy poco conocimiento sobre la transexualidad. De hecho una de las labores importantísimas que hay que llevar adelante es la de posibilitar que profesionales de distintas ramas puedan formarse y especializarse en el conocimiento de la transexualidad infantil, para poder así convertirse en profesionales de referencia que puedan atender estas situaciones. Además, será necesario divulgar información básica de manera generalizada, para que el resto de los profesionales puedan tener una comprensión básica y recursos para poder derivar a un profesional conocedor de esta realidad.

En este momento, aparte de algunos pocos profesionales que sí están capacitados para atender cuestiones de transexualidad, el acompañamiento y apoyo se está realizando principalmente desde las asociaciones de familias. Acompañamiento que están llevando a cabo, de manera voluntaria, madres y padres que además del conocimiento de la propia experiencia en su hogar y de las vivencias de las otras muchas familias que conocen, están formándose, haciendo cursos, leyendo publicaciones científicas sobre la materia… y se están convirtiendo en verdaderos expertos sobre transexualidad infantil.

Lo razonable sería (y esperamos que más pronto que tarde así sea) que esta labor la llevasen a cabo profesionales con formación sexológica expertos en la materia y que además fuese ofrecida desde las administraciones públicas. Hasta que así sea, va a haber madres y padres dispuestos a seguir haciendo esta labor de manera altruista, pues saben cuán importante es la existencia de un buen acompañamiento, ya que han vivido en primera persona esa necesidad.

Dar el paso de consultar

Cuando una familia da el paso de consultar, muchas veces lo que está buscando es que alguien les diga que lo que están sospechando no es. Pidiendo, rogando, de manera más o menos explícita que se les diga que no es verdad lo que están suponiendo, que hay alguna posibilidad de que no sea…

En otros casos, lo que buscan es un diagnóstico, que alguien experto les certifique que su hijo o hija es esto o aquello. Sin entender que nadie puede certificar ni diagnosticar la identidad sexual. Que tras escuchar lo que esta niña o niño nos expresa, lo único que podemos hacer con su identidad es aceptarla y acompañarla, o negarla.

En ocasiones las familias suelen relatar, por ejemplo, que su hijo dice que es una niña y que su hijo dice que se quiere llamar María y que a su hijo le gustan las princesas, y que su hijo no quiere que le corten el pelo… y relatan que su hijo dice con absoluta claridad que no es un niño, que es una niña. Pero siguen hablando de “su hijo”. Porque en ese momento, aunque la expresión de la identidad sea meridianamente clara, no les entra en la cabeza que “su hijo” pueda no serlo.

Ante un relato tan claro, la persona a la que se le consulta, haciendo de espejo de lo dicho, puede desatascar la puerta que la familia se resiste a abrir: “Si dice con tanta claridad que es una niña, quizás puede que lo sea, ¿no?”, “Si dice que es una niña, quizás no es tu hijo, sino tu hija, ¿no?”. Y este suele ser uno de los momentos que las familias a posteriori recuerdan como un momento clave en la comprensión.

“Le conté a la persona que estaba al otro lado del teléfono lo que habíamos vivido en los últimos años. Y le dije que no sabía si mi peque era un niño o una niña. Me respondió: ‘Ah, ¿tiene siete años y no sabes si es niña o niño?’ No me dijo nada más. No hizo falta. Se me cayeron las vendas que había ido construyendo. Hacía mucho tiempo que lo sabía, pero no lo quería ver, no me atrevía a verlo, porque me daba mucho miedo…”

Transitar con red: las asociaciones de familias

La existencia de asociaciones de familias es fundamental en estos procesos, porque la posibilidad de compartir con otras familias va a hacer que quien se embarca en este proceso pueda sentirse arropado, va a generar posibilidades de desahogo, de obtención de información…

En estos tránsitos que tan complicados y duros son muchas veces para las familias, saber que “lo que me pasa no sólo me pasa a mí” suele suponer una gran sensación de alivio. Sentir que se camina en compañía, poder compartir, desahogar, llorar, reír… con personas que están viviendo o han vivido situaciones parecidas a la propia, que ya pasaron “por lo mismo que estoy pasando yo”, personas “que me entienden”, supone una gran ayuda. Ver a otras familias que empezaron el mismo proceso hace más tiempo y que ahora están tranquilas, sonríen y siguen viviendo la vida, significa un horizonte de luz en momentos que algunas familias viven de absoluta oscuridad, miedo y tristeza.

Por supuesto para las niñas y niños poder conocer a otras niñas con pene y niños con vulva (otros y otras “como yo”) será un regalo inmenso.

“Nos ofrecieron entrar en un grupo de WhatsApp, con más familias en la misma situación que nosotros. A la mañana siguiente, yo estaba maquillándome para ir a trabajar, con el teléfono al lado. Me llegó un Whatspp, era del grupo en el que me habían metido. Primero llegó un mensaje dándome la bienvenida, lo leí y lo dejé sin más. De repente empezaron a llegar mensajes y más mensajes, familias y familias de todas partes de Euskal Herria nos daban la bienvenida, nos mandaban fotos de sus hijas e hijos riendo, jugando, siendo libres y felices. Niños y niñas de la misma edad que mi hijo, niños y niñas de todas las edades, con sus familias y sus amigos. Por primera vez desde que empezó toda esta historia comencé a llorar, lloré porque sentí que no estábamos solos, lloré porque mis miedos no son únicos, lloré porque mi hijo iba a ser feliz como esos niños y niñas.”