El proceso de sexuación

¿Cómo vamos haciéndonos hombres y mujeres, en masculino y en femenino?

Cómo actúa el proceso de sexuación

El proceso de sexuación es el proceso de diferenciación sexual por el cual nos vamos haciendo hombres y mujeres, en masculino y en femenino, siendo que todas y todos nos sexuamos en las dos direcciones, eso si, en cada rasgo con diferente intensidad y medida.

Se trata de una sucesión compleja de sucesos sexuantes que producen rasgos sexuados, y que permanece activo durante todo el ciclo vital, desde la concepción hasta la muerte.

La sexuación produce diferencia y diversidad, haciendo que cada sujeto sexuado sea único y peculiar. Y al ser un proceso dinámico, hace que cada sujeto sexuado no sólo sea diferente del resto de los sujetos sexuados sino que sea, a su vez, distinto a sí mismo a lo largo de todo su ciclo vital.

La sexuación actúa del siguiente modo. En un primer momento, y dependiendo del espermatozoide que fecunda al óvulo, se establece el patrón cromosómico, que puede ser gínico (XX) o ándrico (XY), y que dejará una huella indeleble en todas las células del organismo. A partir de este momento inicial, van a ir ocurriendo un sinfín de sucesos en los cuales se repite un mismo patrón: primero se van formando estructuras no diferenciadas, y después, por la acción de los agentes sexuantes (que pueden ser andrógenos o ginógenos), estas estructuras se van diferenciando en la dirección ándrica (en masculino) o en la dirección gínica (en femenino), hasta acabar siendo estructuras más o menos masculinas y/o más o menos femeninas.

Por unos u otros motivos, puede ocurrir que una estructura potencialmente sexuable no se sexúe nunca (de lo cual, suele permanecer en su pre-forma gínica); incluso puede ser que ni siquiera llegue a formarse (y no podrá diferenciarse porque no se ha formado). Así pues, aunque la sexuación sea universal, pueden darse excepciones.

Los agentes sexuantes pueden realizar acciones positivas (masculinizar o feminizar) pero también pueden realizar acciones negativas (demasculinizar o defeminizar). Y si bien solo hay dos modos de la sexuación (dos sentidos de una misma dirección), en ningún caso hay, sólo, dos resultantes del proceso final de la sexuación. Nunca hay, ni puede haber, dimorfismo. Al contrario, el resultante de la sexuación es, siempre y necesariamente, polimórfico; o sea, intersexual. No se trata de dos fuerzas antagónicas y disyuntivas (“o”) que se oponen sino de dos componentes conjuntivos (“y”) que concurren.

La acciones sexuantes dependen de cuál y cuánto agente sexuante actúa en un determinado lugar y en un determinado momento. Dependiendo de estas variaciones y combinaciones se producen, en cada estructura sexuada, diferencias sexuales que pueden ser cualitativas o cuantitativas. La mayor parte de ellas son una cuestión de gradación; por ello, casi todos los rasgos sexuales son compartibles y pueden estar presentes tanto en mujeres como en hombres.

La mayoría de los sucesos sexuantes están producidos por hormonas con acción andrógena o ginógena. Muchos de estos hechos ocurren antes del nacimiento. Y en la pubertad vuelve a darse un pico de alta actividad.

© Joserra Landarroitajauregi
(este apartado es un resumen de un texto inédito del psicólogo, pedagogo y sexólogo Joserra Landarroitajauregi y tiene derechos de autor)